domingo, junio 01, 2008

Hay quienes dejan huella. O garra.


Fifí era una french poodle negra con la chiva blanca, que llegó como regalo hace unos 16 años. La mae ya estaba grandecilla, y la regalaban porque la dueña ya era mayor y no podía cuidarla. La dueña era amiga de mi abuela y se enteró de que la nieta quería un perro. Y así llegó Fifí. Mi madre la odió el primer día porque era French standard, o sea, un bicho gigante muy diferente a esos que uno veía en la tele que hasta metían dentro de un bolsito. A Fifí habría que haberla metido en un saco de papas. Obvio que ya venía con nombre incluído, duh! Fifí es el nombre más cliché que puede tener un French!

En fin, como mi madre a fin de cuentas es buena, decidió darle la bienvenida. Y fue así como Fifí terminó siendo la compañera de mi abuela, y luego de mi madre. La que iba a los paseos a la playa y que le perdonaban y alcahueteaban todo, desde cuando se posó con las patas tierrosas encima de los exámenes de Estudios Sociales que mami tenía que llevarle a los alumnos al día siguiente, hasta la vez que le robó el bistec a mi abuela, pasando por tooooodas las chucherías con las que se alimentó en todos los años, y que la llevaron a parecer más una ballena que una perra después de castrada. Pero también fue la misma que se metió debajo de la cama durante 15 días, sin comer, cuando mami y yo nos fuimos de viaje, y los vecinos no sabían qué hacer para que no la encontráramos muerta cuando volviéramos a casa.

Fifí partió al cielo de los perros hoy hace un mes. Un gastritis, la ceguera y al parecer un cáncer, la deterioraron y debió ponerse a dormir. Hace unos meses atrás, también se fue "Borona", con 18 años de ser la perra guardián con déficit atencional más cariñosa del mundo. Esa era pura zaguata, y nunca logró ser civilizada, por lo que era feliz en el patio. Ambas fueron un golpe fuerte.

Sin embargo, Fifí fue diferente. Borona nunca tuvo tanto "exposure", aunque yo personalmente la lloré más que a la Negra. Creo que tiene que ver con el hecho de que después de la Borona, he pasado sumergida en duelos de varios tipos (qué puto año más "heavy", este), y lo acepté con más calma. De por sí, ya venía mal desde hace semanas.

Pero mami no. Y le sigue pegando fuerte su ausencia. Y lo peor, lo que no le ayuda, es que Fifí tenía más amigos de lo que alguna vez nos dimos cuenta. La gente pregunta por ella, que dónde está, que por qué mami no la saca ya a pasear junto con Lurky. Incluso mis amigos, esos que me topo esporádicamente después de varios años de desaparecidos, preguntan qué ha sido de ella. Y todos, todos, tienen un expresión de tristeza y un gesto de aliento cuando saben de su perecer.

Esto podría ser bastente políticamente incorrecto (aunque de eso se trata, cierto?), pero es increíble cómo hay animales, que dejan una huella más profunda que muchos seres humanos. Cómo hay animales que la gente lamenta que se hayan ido, mientras hay hombres y mujeres que pareciera que nunca han exisitido del todo, aunque estén a la par de uno.

Claro que hay gente que de verdad se va antes de tiempo, y todos lo lamentamos, porque comenzaban a dejar huella, pero qué feo es ponerse a pensar, que, cuando nos toque el momento, nadie vaya a extrañarnos, nadie llore nuestra partida, ni lamente todo lo que dejamos inconcluso.

Yo quiero ser una Fifí (jejeje), un ser a quien recuerden con cariño cuando ya no esté, que le haga falta a las personas que me querían, y que mi huella sea tan profunda, que algunos cuantos lamenten mi partida. No es egoísmo, es un compromiso con ser mejor cada día, un compromiso por hacer la diferencia. Por ser recordada por quien fui y por el bien que hice, que quedar en el olvido por lo que nunca hice o dejé de mostrar. Tal vez ese compromiso con nosotros mismos, haría que las cosas en general, caminaran de otra manera.

También hay quienes nos marcan para siempre, y aunque ya no estén, siguen apareciendose como fantasmas, aún cuando no lo queramos. Pero esa es otra historia.

7 comentarios:

Fallitas dijo...

Yo la conocí, hace ya bastante tiempo, once o doce años quizá?
Definitivamente cuando todavía era sumamente inquieta y chiquilla.
Jamás me imaginé que viviría hasta estos días, y desde acá me uno a tu duelo lamentando su partida.

Qué mierda la vida cuando a la fuerza nos hace tener que despedirnos de aquello que hemos llegado a amar.
La magia de lo cotidiano es justamente que te duele cuando deja de serlo.

Un gran abrazo!

Palas dijo...

cierto...

hay animales que dejan su huella demasiado profunda mientras que hay hombres a los cuales a veces buscamos que no nos dejen ni una marquita...

todos deberiamos ser una Fifi

Pentium III de 750 MHZ dijo...

Gracias chic@s!!
La partida es inevitable para todos. cada día deberíamos tratar de dejar nosotros una marquita también!!

Extiendo este post a Inka, amiga inseparable de mi querido Guicha, mordedora oficial de piedreros en el Alto de Guadalupe :) (ella realmente dejó marquitas... jijijij).

Fuerza, Guicha!

Calaca Tico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Calaca Tico dijo...

Pentium que buen post

me ha tocado ir a funerales de señores y señoras a los que asisten 10 personas, y me da playada, pero me pongo a pensar que recuerdos tengo de esa persona y no me acuerdo del rostro.

asi como he ido a funerales donde se llenan iglesias hay gente afuera y uno solo puede pensar en los buenos momentos con esas personas.

yo creo que todo viene de un cariño sincero. y definitivamente los perros tienen un cariño sincero. muchas veces sus miradas son mas "humanas" que nuestras miradas. al punto que a uno se le olvida que no pueden hablar ni andar como nostros.

maureen dijo...

que lindo post
yo tenia una maltes CHUFUIS,con quien compartimos 12 años, mi adolescencia, fue duro perderla
es que definitivamente no son una mascota, llegan a ser parte importante de una familia
saludos

Pentium III de 750 MHZ dijo...

Calaca, Maureen:
En verdad. Hay personas de las que borramos por completo su rostro, pero de otros amiguitos, siempre los tenemos presentes. Así de importantes son las huellas o garras que han dejado en nosotros, porque nos acompañaron en momentos decisivos de la vida. :)